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EL CUIDADO I

Una visión Esencial de su sentido poderoso

     El cuidado es la acción de CUIDAR, preservar, resguardar, conservar, asistir. El cuidado implica ayudarse a uno mismo o a otro ser vivo, tratar de incrementar su bienestar y evitar que sufra algún perjuicio.

 

     Este sentimiento nos capacita a los seres humanos para percibirnos en todas las dimensiones.

 

     La dimensión del ser completo tanto espiritual, o la dimensión intrínseca del alma, así como los aspectos de la dimensión bioquímica en lo emocional, y la manifestación total en la materia.

 

     Esta dicotomía se refiere al cuidado amoroso que es realmente el espiritual, de hecho muchos de los ritos religiosos son básicamente cuidados amorosos, es decir, la experiencia de sentir algo diferente o diferenciado del resto de sentimientos. Distingo para ello religión y espiritualidad.

 

     Sabemos que estamos siendo amados porque esa fuerza amorosa nos calma, nos sostiene, es reconfortante, es nutriente, sacia nuestra ansiedad, nos sana, pues lo contiene todo.

 

     De igual manera nuestro mundo interno, nuestra alma necesita percibir esa fuerza sanadora moviéndose junto a ella, interrelacionándose con ella, sintonizándose con ella.

 

     Cuando el cuidado desaparece, se lleva con él nuestra capacidad para percibirnos y algo más valioso, se lleva el estado de atención y respeto.

 

     Suelo recordar cómo nos cuidamos cuando por primera vez nos enamoramos, la primera vez que estamos embarazadas, o las primeras veces que ponemos mucha atención a los resultados de lo que admiramos.

 

     Esa fuerza amorosa nos inquieta, nos estimula, nos da fuerza para superar los sentimientos de rechazo, incluso da fuerza al mundo imaginario para hacernos comprender la posibilidad de lograr nuestro objetivo que no es otro que realizarnos.

 

     Ponemos atención y cuidado al aspecto físico ante todo, así igualmente, aunque en segundo lugar el intelectual. Sólo basta pensar en esa persona o que esa circunstancia pueda lograr ser atraída por esa fuerza, nos estremece y alienta.

 

     Quizás los científicos respondan con razón que es una cuestión hormonal, también tendrán razón aquellos que nos hablen de la mente, y también de otras posibilidades por la que esa fuerza cuidadora y sanadora está en nosotros.

 

     La pregunta siguiente es ¿cómo lo percibe tu cuerpo antes que tú? ¿El instinto de preservación? ¿Conservación? ¿Intuición?

 

     En ese instinto nuestra fuerza se dirige hacia elementos cercanos para repararse, la madre, el marido, el amigo, comida, bebida, etc.

 

     Los sistemas de seguridad a nuestro alcance son muchos, nuestro cuerpo es capaz de expulsar al impostor vomitando, sudando, provocando diarreas, etc.

 

     Comemos o tomamos lo que instintivamente nos surge como factible a ello, incluso nuestro cuerpo nos pide vitaminas, descanso o silencio.

 

     Sabemos que algo pasa y tratamos de identificarlo fuera de nosotros, el calor, el frio, algo que comemos, o a alguien que estuviera a nuestro lado.

 

     Sin embargo, todo nuestro ser se excita, la alerta está servida! ¡El caos!

 

     Creo que puedo llamarlo síntoma a una forma de percibir que debemos cuidarnos o que no estamos cuidándonos. Nos avisa de que estamos pasando los límites de nuestro sistema, o que hay un desorden o desarmonía en él. Fuera de ese orden, perdemos la posibilidad de percibir la verdad, la sintonía y la frecuencia interna.

 

¡¡Solo se trata de eso nada más!!

 

     Cuidar significa tratar con respeto todo nuestro ser, para que ese cuidado se materialice en una forma de vernos llenos de vida. Se llama a ese proceso Vitalidad o Plenitud.

 

     Para ello la naturaleza nos ofrece un universo magnifico que nos ayudará en todos los momentos de tránsito. No sólo cuando estamos a merced del síntoma, sino mucho más allá, facilitándonos vivir en armonía.

 

     La belleza en los árboles, plantas y flores es un calmante para el espíritu. El agua, en todas sus modalidades lo es también, los pájaros con sus cantos llenan el alma de amor y sensibilidad.

 

     Esa es la forma de cuidar que ofrece el respeto, de otra manera, si maltratamos nuestro ser con ideas, prejuicios, sentimientos y emociones basadas en tapar la realidad del dolor, serán estériles todos los intentos de armonizarnos con las circunstancias y nuestra vida se convertirá en una forma enfermiza de vivir.

 

     Satisfacer nuestra necesidad de cuidados no es esperar que otros las conozcan, sino aceptar que no hay que ponerse enfermos para que nos mimen, ni llorar o gritar para que nos abracen o compadezcan, pues esa es la forma aprendida erróneamente, haciéndonos vulnerables e insensibles a la fuerza cuidadora del amor.

 

     El cuidado del Alma no es una opción religiosa si asociamos alma a una semilla. Como veis si asociamos un modelo de vida en el que lo importante no es producir, sino cuidar que se produzca!

 

     En una semilla el Alma es una capa protectora unida a otra capa más interna donde está el gen o núcleo del que sale la posibilidad de materializarse millones de veces. El alma es aquello que ayuda a proteger lo más sagrado y, a la vez, lo más vulnerable que es la posibilidad de la vida.

 

     De esta manera, la naturaleza humana está dotada de alma, es decir, de un equipo que juega siempre a ganar! Este equipo a las órdenes de un entrenador máximo cuyo nombre representa su labor el “Timo”.

 

     Este máximo entrenador sitúa estratégicamente a su equipo, un equipo formado en todo tipo de frecuencias, las reconoce todas, su destreza, lealtad e integridad hace única su función.

Las bases de su actuación son estimular una frecuencia mayor, llegando a iluminar, no para organizar una contienda en la que gane uno u otro, nooo!!

 

     Es el resultado de producir una frecuencia constante que libere y proteja al sistema completo. Este equipo está al servicio de la verdad y el amor.

 

     El equipo completo integro sólo sigue las instrucciones de un solo órgano maestro o sabio que es quien tiene el poder de ordenar todo el sistema vital.

 

     Su sistema de reconocimiento persigue la mentira, la disociación, descubre a los inductores, asaltadores de caminos que se agazapan y tratan de asentarse, asolando todo lo que encuentran más válido o importante, para dejar sin alma, vacío y desolado el sistema que en un principio los acogió como válidos e interesantes, ya que venían envueltos de información que llamaba muchísimo la atención, y confundieron la atención con ¡cuidado!

 

     Este equipo que juega y entrena a desorganizar y llevar al caos, a través de caminos de dispersión y desinformación. Un equipo de torturadores que someten a su voluntad bajo el miedo a perecer.

 

     Proteger significa mantener a Salvo a TODO el sistema de vida.

 

     Los componentes del equipo protector son tan estimulantes que producen cambios y movimientos en su entorno, aceleran la frecuencia latente alienta y estimula a volver a cuidar y mantener el orden. Imprime sentimientos poderosos de amor, protección y gratitud.

 

     Desde ahí ya se inicia el movimiento y el camino hacia la libertad y liberación de los fluidos de desechos caducos o tóxicos.

 

     Ahora en este instante, nanosegundo, llegamos a comprender que cuidar significa algo más que lo descrito al principio. Cuidar es una necesidad de ser cubiertos por un manto protector, no solamente instintivo, sino que es un distintivo de una naturaleza que trasciende el tiempo, el espacio y su memoria.

 

     Cuidar es una oportunidad única para experimentar ese espacio sin tiempo en todas las dimensiones del ser. Desde la experiencia única y sublime de no necesitar salvadores para ser salvados, de no necesitar protectores porque estamos protegidos, de no necesitar que alguien o algo nos haga sentir que somos pues ya somos, de que nada va a faltar porque tenemos todo.

 

     Nuestro ser es completo por naturaleza. Una naturaleza que tan sólo necesita la experiencia para adquirir el autoconocimiento y así poder auto realizarse!!

 

     Poner luz y taquígrafos no depende del evaluador y su diagnóstico. Más bien considero que más juicios y prejuicios, en vez de resolver, lo que hace es enmascarar o encerrar aún más la posibilidad de desterrar al impostor, que seguramente conoce lo que el investigador piensa o cree acerca de lo que ve, pues lo ve desde otro equipo ajeno al ser único e individual.

 

     Creo además en la inteligencia suprema del orden y que a quien hay que ordenar es el tiempo. Acortar, elegir atajos, puede producir un estado de anticipación.

 

     La acción de no dar el tiempo para el orden, tiene una reacción en el ser, una agitación, un estrés, una ansiedad y angustia, no por conocer el resultado sino la solución. Esto impide la visión del propósito inicial de poner luz y taquígrafos, que no es hacer expectativas, creando más especulación y más caos.

 

     Eso no es cuidar. Eso es descuidar, es desconocer el origen, es inconsciencia, inmadurez y es falta de consideración y respeto.

 

     Esta es mi visión y su sentido poderoso.

 

¡¡Cuídate!!

 

Carmen Romanelli