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EL CUIDADO III
El Cuidado del Espíritu. Un camino hacia la Unidad.

     Llegamos ha esta tercera etapa de la visión del poderoso sentido del cuidado.


     Tomamos la salida al encuentro de esta fuerza cuidadora que se encuentra en cada molécula, átomo o partícula de nuestro ser. Sé que antes de ser Átomos, Partículas, Moléculas, hay algo que sucede que es capaz de crearlos.


     En el modelo expansivo todo el universo se rige por el mismo ser. Un ser creativo, generador de alma, constructor de vida en todos los aspectos de su ser. La arquitectura de su construcción refleja fielmente de forma única y ordenada todo el universo. Sin su ayuda nada hubiera sido creado.


     Esta inspiración es la fuente de la vida que nace cada día. Lo expreso ahora a través de mi fuerza creativa, con este pasaje de mi sentido sobre su poder sanador:


     En las montañas de la vida habita un guardián, en esa montaña en la que mora el guardián hay un pico muy alto llamado pico soledad. Se llama así pues quizás en algún tiempo la vida no fue fácil allí o quizás porque el guardián esperaba la llegada de algo mágico que lo deslumbrara.


     El guardián espera noticias de otros lugares de la montaña, las noticias en la montaña son siempre ecos de voces de otros habitantes, algunos llamando al cortejo, otros llamando a sus crías, otros simplemente juegan.
     Una tarde volvió a descender al valle de la esperanza, caminando hacia un arroyo para saciar su sed allí.


     Este lugar lo había recorrido tantas veces en travesías para calmar su sed! Esta agua limpia y brillante parece un espejo cuando el sol sale, su borboteo incesante produce una musiquilla que alegra todo el valle y la montaña misma.


     Se miró en sus aguas cuando de repente vio otra imagen, ummm, no era él sino un aspecto femenino:


-¿Qué haces aquí? – le dijo.
-Tengo sed – le contestó.
-No temas, sigue bebiendo. No te haré daño – le dijo. Mientras bebían en el arroyo se observaron mutuamente.
     El guardián es observador por naturaleza, acostumbrado a tratar todo tipo de situaciones, sintió que algo no iba bien.


-¿Qué te ha pasado? ¿Por qué tienes miedo? ¿Qué le ha pasado a tu cuerpo?


-Un cazador abatió a mis padres para quitarles la piel, yo me la he quitado para poder vivir.


     El guardián quedo en silencio un instante, pero, necesitaba saber algo más de esa presencia femenina y pasó rápidamente a la conversación con ella.


-¿Cómo te llamas?


-Soy Trinidad – le dijo.


- Y ¿de dónde vienes? – volvió a preguntar.


-Vengo del pico de ningún lugar ¿lo conoces?


-Siiiii. He andado algunas veces por allí, soy el guardián y es mi cometido conocer todos los picos de la cordillera y de esta montaña – respondió con firmeza!! ¿Hacia dónde vas?


-No tengo rumbo fijo -contestó- Voy buscando mi destino… Pero ya pronto anochecerá y la oscuridad me produce muchísimo temor. ¿Dónde puedo acogerme esta noche aquí?


-No te sientas temerosa, estás cansada, pareces fatigada. Yo te llevaré a un lugar seguro, dame tu mano.


     Juntos caminaron al lugar seguro que el guardián llama su morada. Esa noche se transformó en días, semanas, meses. El guardián la enseñó a conocer los lugares donde las plantas crecen con sabiduría sanadora, así fue curando sus heridas en la piel, ésta volvía a crecer y mostraba ya su belleza. El guardián sentía que su compañía estaba cambiando su aspecto también.


     Un día se dio cuenta de la belleza de ese ser, su piel estaba ya restablecida, el dolor y el miedo habían desaparecido junto con las heridas, era bellísima Trinidad.


     Al mirarla el guardián sentía en su interior algo tan diferente que no era capaz de ponerle nombre.


     Su corazón no conocía esa frecuencia, palpitaba acelerándose, y tenía ganas de abrazarla, quería acogerla en su corazón. Un día Trinidad le dijo:


-¿Qué quieres saber que te tiene tan absorto? Me miras de una forma diferente.


     El guardián necesitaba saber que era ese pálpito, esa incertidumbre. Para buscar respuesta a su estado, decidió ir a otro lugar y poder interrogar allí a otro ser que seguramente tenía respuestas para esas preguntas que se agolpaban en su cabeza: ¿Qué estará pasando en mi corazón? Se preguntaba, pues incluso temía que al abrazarla podría hacerle daño.


     Partiré hacia otro pico de la montaña llamado felicidad, allí podrán decirme que es lo que me agita. Y se fue andando cavilando entre sus pensamientos.


     Siempre le había producido mucho respeto ese pico, pero estaba decidido! En su caminar fue componiendo este poema:


Cuánto amo la vida, este amor es verdad.
Por cuidarte cielo mío, nunca voy a descansar.
Si oscuro es el camino, la luz lo alumbrará.
Sólo te pido amor mío, no me dejes de alumbrar.

 

     Llegando al pico de Felicidad, el guardián buscó la morada del sabio que respondería a sus preguntas.


La Cabaña de la luz.


     Al entrar en ella el guardián quedó cegado, no podía ver! ¿Quién respondería a sus preguntas? Hasta que esa luz le dijo:


-Sé que vienes de muy lejos y que has hecho un largo y duro camino. También se quién eres, así que puedes preguntarme lo que has venido a conocer.


     El guardián ya no pudo sino balbucear unas palabras.


-Soy el guardián de la cordillera y de la montaña, vivo en el pico soledad.


-Lo sé – le respondió la luz.


-¿Y tú quién eres?


-Yo soy la luz! Cálmate, tu ceguera durará poco, siempre pasa esto, tus ojos se han de adaptar. Puedes confiar tus preguntas en mí, soy quién guardará tu secreto.


     El guardián fue contando sus experiencias con el encuentro con la belleza de Trinidad, le habló ya calmado de su corazón y lo que experimentaba en su latido, desde que se encontró en el arroyo con su imagen.


La luz le dijo:


-Has de saber que has nacido para conocer la fuerza del Gran Espíritu, has conocido ya varias fuerzas, la fuerza de los espíritus de la montaña, la de sus picos y valles, la fuerza del río y del arroyo, has conocido la belleza de los árboles, plantas, flores y la belleza de la vida en todas las dimensiones de tu ser. Para conocer has experimentado en cada lugar, has observado todo con mucha atención. Necesitabas conocer la fuerza de tu corazón al sintonizarse con otro igual y ser uno los dos. Eso te inquieta igual que la entrada aquí, al principio te ciega tanta luz, pero ya ves que ahora puedes verme perfectamente.


-Me has preguntado quién soy yo. Te he respondido soy la luz! Ahora me conoces como luz.
Pero aquí todo tiene una dimensión mayor. Para poder llegar aquí ha tenido que llegar Trinidad a tu pico y experimentar allí su amor, por eso tu corazón late tan fuerte, esa es la fuerza del amor. Esa será tu guía ahora, la fuerza más inmensa, la fuerza del corazón. Esa soy yo, la luz que busca tu corazón para experimentar amor!


     En ese instante el guardián abrazó la luz y experimento la paz más grande que pudo sostener su corazón. En ese instante, los dos fueron llevados al universo en un viaje sin fin, sin comienzo ni final, por fin UNO. El legado que cada uno de nosotros ha heredado, para servir con honor la vida plena.


La fuerza del Guardián Espíritu cuidador!!

Carmen Romanelli